5 de octubre de 2014
El Sur
Los obispos de Tlapa, Ciudad Altamirano, Chilpancingo-Chilapa y Acapulco, que integran la Provincia Eclesiástica de Acapulco, lamentaron los hechos de violencia ocurridos el viernes 26 de septiembre en Iguala, y el asesinato del sacerdote José Ascensión Acuña Osorio en San Miguel Totolapan, y manifestaron que la “grave situación social” en la que se encuentra el estado “puede desencadenar una crisis política”.
Por separado la Diócesis de Acapulco llamó a las autoridades a mejorar los esfuerzos para desactivar las causas de la violencia y aclarar los casos de los tres sacerdotes que han sido víctimas de la violencia, el de San Miguel Totolapan, el de Arcelia, Habacuc Hernández Benítez, asesinado con dos jóvenes de su ministerio el 13 de junio del 2009, y el padre John Ssenyondo, de nacionalidad ugandesa, que se encuentra desaparecido desde el 30 de abril.
En un comunicado emitido el primero de octubre, los obispos manifestaron su preocupación por el “alcance mortal” de las acciones del crimen organizado en todo el estado, y desconcierto por el hecho de que los policías municipales de Iguala hayan protagonizado un ataque en el que resultaron muertos tres estudiantes de la Normal Rural de Ayotzinapa, un jugador de futbol y dos personas más, además de 43 estudiantes desaparecidos.
Por lo que los obispos llamaron de manera encarecida a las autoridades a hacer cumplir la ley en la vida cotidiana como una forma de asumir su responsabilidad pública para el bienestar de todos, “es tiempo de ejercer cabalmente sus responsabilidades en lo que tiene que ver con la violencia y la inseguridad”, y pidieron con “urgencia” que no ocurran más hechos similares.
“Les pedimos que se aclaren cabalmente los hechos dolorosos de Iguala, pues la verdad es el camino hacia la justicia y hacia la reconciliación”, señalaron.
Los cuatro obispos reprobaron cualquier acción violenta y dijeron estar sorprendidos de la forma de actuar de la policía municipal de Iguala; también llamaron a la sociedad en general a buscar caminos de la reconstrucción de paz, asumir la responsabilidad personal en relación a lo que sucede en la familia, comunidad y sociedad entera, “no podemos esperar que nos traigan la paz de afuera ni de arriba, tenemos que construirla todos”, expusieron.
También convocaron a evitar acciones violentas en las movilizaciones de protesta, “a todos les pedimos que se conduzcan de manera pacífica y siempre en actitud de diálogo y respeto”.
Los obispos expresaron su preocupación por los 43 estudiantes normalistas aún desaparecidos y por la zozobra en la que se encuentran las familias que acumulan enojo e indignación en la sociedad.
“Es urgente que se dispongan de todos los recursos del Estado para encontrar a los estudiantes desaparecidos, cuyas familias sufren la incertidumbre sobre su paradero y la sociedad reclama. Esta acción debe ser prioritaria”, dicen.
Manifestaron su solidaridad con las familias de los asesinados y desaparecidos, y dijeron estar dispuestos a colaborar con las autoridades en las acciones que lleven a mejorar las condiciones de vida de los pueblos de Guerrero que hagan posible la paz y la justicia.
Y solicitaron a la sociedad que se haga presente con el perdón, reconocimiento de la verdad y diálogo, “el respeto a la vida tiene que ser inspirado en las familias, en las escuelas y en todos los espacios de la sociedad”.
Por su parte, la Diócesis de Acapulco manifestó en otro comunicado que el asesinato del sacerdote Ascensión Acuña en San Miguel Totolapan “mucho dolor ha causado este hecho violento en ese municipio tan golpeado por la inseguridad y la violencia en los últimos años”.
En el texto menciona precedentes de sacerdotes tocados por la violencia, como el caso del padre Habacuc Hernández Benítez, asesinado con dos jóvenes en Arcelia en el 2009, y el caso del sacerdote John Ssenyondo, de nacionalidad ugandesa, quien servía en la diócesis de Chilpancingo-Chilapa, desaparecido el día 30 de abril, sin que hasta la fecha se tenga noticia de él.
Historias que se suman a otras de hombres y mujeres que han sido alcanzados por las formas de violencia generada por el crimen organizado, plantea la diócesis.
Expone que la Iglesia está consciente de que al acompañar de cerca las comunidades guerrerenses los sacerdotes están expuestos a las amenazas como cualquier ciudadano.
Sin embargo continuarán con su misión de acompañamiento “a pesar de los riesgos que ello signifique”.
La Diócesis dijo que continuará organizando los esfuerzos de reconciliación, perdón, reconocimiento de la verdad y la acción de justicia, no solamente para los sacerdotes sino para todas las víctimas de la violencia, por lo que llamó “a las autoridades para que hagan sus mejores esfuerzos de estar en condiciones para desactivar las causas de la violencia y para aclarar los casos de estos tres sacerdotes guerrerenses”.
En el comunicado también se manifestó la solidaridad con los jóvenes, “muchos se siguen sacrificando por la escalada criminal de estos días”, por los asesinatos de los normalistas, el jugador de fútbol y los cinco jóvenes en la colonia Jardín en Acapulco, “y la lista puede ser interminables” porque son el sector más vulnerado por la violencia.
“Preocupa que los estudiantes hayan sido objeto de acciones tan atroces por parte de las corporaciones policiacas. Tiene que haber cambios en la manera de mirar a los jóvenes y en la manera de abordar su situación de vulnerabilidad, porque ellos representan una reserva demasiado valiosa de la sociedad como para dejarla abandonada o para que sea objeto de abusos”.
La Diócesis llamó a las autoridades para que se le dé prioridad a la búsqueda de los jóvenes desaparecidos luego de los ataques contra los normalistas en Iguala.
“Y más, cuando se ha reconocido que fueron los cuerpos policiacos los responsables de tal despropósito. Y también se necesita aclarar todos los casos de jóvenes asesinados en estos días, tanto en Iguala como en Acapulco. Esta es una demanda social que se extiende a tantos casos más de asesinados en el estado de Guerrero”, afirma.
También llamó a la sociedad, las familias y el sector privado para atender a los jóvenes y darles mejores oportunidades, como una responsabilidad compartida, porque “no podemos seguir siendo espectadores, es necesaria la colaboración entre todos los sectores de la sociedad y las autoridades para detener esta avalancha de violencia que nos está dejando daños humanos y sociales de grandes proporciones”.
El Sur
Los obispos de Tlapa, Ciudad Altamirano, Chilpancingo-Chilapa y Acapulco, que integran la Provincia Eclesiástica de Acapulco, lamentaron los hechos de violencia ocurridos el viernes 26 de septiembre en Iguala, y el asesinato del sacerdote José Ascensión Acuña Osorio en San Miguel Totolapan, y manifestaron que la “grave situación social” en la que se encuentra el estado “puede desencadenar una crisis política”.
Por separado la Diócesis de Acapulco llamó a las autoridades a mejorar los esfuerzos para desactivar las causas de la violencia y aclarar los casos de los tres sacerdotes que han sido víctimas de la violencia, el de San Miguel Totolapan, el de Arcelia, Habacuc Hernández Benítez, asesinado con dos jóvenes de su ministerio el 13 de junio del 2009, y el padre John Ssenyondo, de nacionalidad ugandesa, que se encuentra desaparecido desde el 30 de abril.
En un comunicado emitido el primero de octubre, los obispos manifestaron su preocupación por el “alcance mortal” de las acciones del crimen organizado en todo el estado, y desconcierto por el hecho de que los policías municipales de Iguala hayan protagonizado un ataque en el que resultaron muertos tres estudiantes de la Normal Rural de Ayotzinapa, un jugador de futbol y dos personas más, además de 43 estudiantes desaparecidos.
Por lo que los obispos llamaron de manera encarecida a las autoridades a hacer cumplir la ley en la vida cotidiana como una forma de asumir su responsabilidad pública para el bienestar de todos, “es tiempo de ejercer cabalmente sus responsabilidades en lo que tiene que ver con la violencia y la inseguridad”, y pidieron con “urgencia” que no ocurran más hechos similares.
“Les pedimos que se aclaren cabalmente los hechos dolorosos de Iguala, pues la verdad es el camino hacia la justicia y hacia la reconciliación”, señalaron.
Los cuatro obispos reprobaron cualquier acción violenta y dijeron estar sorprendidos de la forma de actuar de la policía municipal de Iguala; también llamaron a la sociedad en general a buscar caminos de la reconstrucción de paz, asumir la responsabilidad personal en relación a lo que sucede en la familia, comunidad y sociedad entera, “no podemos esperar que nos traigan la paz de afuera ni de arriba, tenemos que construirla todos”, expusieron.
También convocaron a evitar acciones violentas en las movilizaciones de protesta, “a todos les pedimos que se conduzcan de manera pacífica y siempre en actitud de diálogo y respeto”.
Los obispos expresaron su preocupación por los 43 estudiantes normalistas aún desaparecidos y por la zozobra en la que se encuentran las familias que acumulan enojo e indignación en la sociedad.
“Es urgente que se dispongan de todos los recursos del Estado para encontrar a los estudiantes desaparecidos, cuyas familias sufren la incertidumbre sobre su paradero y la sociedad reclama. Esta acción debe ser prioritaria”, dicen.
Manifestaron su solidaridad con las familias de los asesinados y desaparecidos, y dijeron estar dispuestos a colaborar con las autoridades en las acciones que lleven a mejorar las condiciones de vida de los pueblos de Guerrero que hagan posible la paz y la justicia.
Y solicitaron a la sociedad que se haga presente con el perdón, reconocimiento de la verdad y diálogo, “el respeto a la vida tiene que ser inspirado en las familias, en las escuelas y en todos los espacios de la sociedad”.
Por su parte, la Diócesis de Acapulco manifestó en otro comunicado que el asesinato del sacerdote Ascensión Acuña en San Miguel Totolapan “mucho dolor ha causado este hecho violento en ese municipio tan golpeado por la inseguridad y la violencia en los últimos años”.
En el texto menciona precedentes de sacerdotes tocados por la violencia, como el caso del padre Habacuc Hernández Benítez, asesinado con dos jóvenes en Arcelia en el 2009, y el caso del sacerdote John Ssenyondo, de nacionalidad ugandesa, quien servía en la diócesis de Chilpancingo-Chilapa, desaparecido el día 30 de abril, sin que hasta la fecha se tenga noticia de él.
Historias que se suman a otras de hombres y mujeres que han sido alcanzados por las formas de violencia generada por el crimen organizado, plantea la diócesis.
Expone que la Iglesia está consciente de que al acompañar de cerca las comunidades guerrerenses los sacerdotes están expuestos a las amenazas como cualquier ciudadano.
Sin embargo continuarán con su misión de acompañamiento “a pesar de los riesgos que ello signifique”.
La Diócesis dijo que continuará organizando los esfuerzos de reconciliación, perdón, reconocimiento de la verdad y la acción de justicia, no solamente para los sacerdotes sino para todas las víctimas de la violencia, por lo que llamó “a las autoridades para que hagan sus mejores esfuerzos de estar en condiciones para desactivar las causas de la violencia y para aclarar los casos de estos tres sacerdotes guerrerenses”.
En el comunicado también se manifestó la solidaridad con los jóvenes, “muchos se siguen sacrificando por la escalada criminal de estos días”, por los asesinatos de los normalistas, el jugador de fútbol y los cinco jóvenes en la colonia Jardín en Acapulco, “y la lista puede ser interminables” porque son el sector más vulnerado por la violencia.
“Preocupa que los estudiantes hayan sido objeto de acciones tan atroces por parte de las corporaciones policiacas. Tiene que haber cambios en la manera de mirar a los jóvenes y en la manera de abordar su situación de vulnerabilidad, porque ellos representan una reserva demasiado valiosa de la sociedad como para dejarla abandonada o para que sea objeto de abusos”.
La Diócesis llamó a las autoridades para que se le dé prioridad a la búsqueda de los jóvenes desaparecidos luego de los ataques contra los normalistas en Iguala.
“Y más, cuando se ha reconocido que fueron los cuerpos policiacos los responsables de tal despropósito. Y también se necesita aclarar todos los casos de jóvenes asesinados en estos días, tanto en Iguala como en Acapulco. Esta es una demanda social que se extiende a tantos casos más de asesinados en el estado de Guerrero”, afirma.
También llamó a la sociedad, las familias y el sector privado para atender a los jóvenes y darles mejores oportunidades, como una responsabilidad compartida, porque “no podemos seguir siendo espectadores, es necesaria la colaboración entre todos los sectores de la sociedad y las autoridades para detener esta avalancha de violencia que nos está dejando daños humanos y sociales de grandes proporciones”.
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